"Todo lo que el hombre siembre, eso también segará."
Gálatas 6:7
Dice un dicho que la vida es como un eco: lo que das, recibes; lo que siembras, cosechas; y lo que ves en los demás, también habita en ti.
De camino al trabajo, divisé a lo lejos a una persona a quien no veía hace años. Al acercarme, mientras conversábamos sobre los cambios en el trabajo y la familia, noté en su mirada una particular nostalgia. Me contó que en su vida las cosas no marchaban bien; le recordé su gran valor humano y cómo, incluso en la adversidad, la vida siempre encuentra una forma de florecer.
Mientras retomaba mi camino, no pude evitar pensar en esa persona: en su presente gris comparado con su trato pasado hacia los demás. Recordé cómo los miraba, los trataba, les hablaba desde una alta gerencia. La presión laboral que conlleva un liderazgo no justifica jamás el actuar basado en la injusticia o la calumnia.
La vida es como un eco, o al menos eso he escuchado. Es frágil e impredecible; en un instante, todo puede transformarse para bien o para mal. Cada pensamiento, palabra o acción genera una energía que, eventualmente, vuelve a su origen. Si actúas basado en el bien y la justicia, recibirás paz y bienestar; si actúas con malicia, recogerás dificultades.
Al final, ser justo es, simplemente, defender la verdad.
